viernes, 5 de febrero de 2010

Las cinco angustias masculinas


A través de los siglos los hombres, particularmente, se han preocupado por su desempeño sexual. Parte de esta preocupación proviene del hecho de que asumen la relación sexual como una responsabilidad exclusiva del género masculino. Así, no es de extrañar que se susciten las más diversas angustias que se convierten en verdaderos impedimentos para disfrutar de una sexualidad plena.

1. Terminar antes de tiempo.

Un hombre de cada tres es incapaz de controlar la emisión seminal; así, podrán imaginar que la eyaculación precoz se encuentra en el top de los trastornos sexuales. Generalmente se presenta en la pubertad cuando se inician las primeras relaciones sexuales. El principal problema radica en que una vez que se ha establecido el reflejo eyaculatorio éste se establece como un condicionamiento fisiológico que facilita la creación de un círculo vicioso donde el hombre se llena de ansiedad y tensión que a su vez acelera la explosión final. Esta angustia ante el posible desempeño aumenta en cada relación sexual con sus consecuentes efectos nefastos.


2. No lograr una erección suficiente.

Algunos expertos afirman que cada hombre, al menos una vez en su vida, ha vivido, vive o vivirá la experiencia de no lograr una erección suficientemente fuerte que le permita la penetración; ciertamente las cifras de la disfunción eréctil son elevadas. Las causas pueden ser muchas: ansiedad, presión acumulada, cansancio... Pero lo cierto es que más allá de estas causas puntuales muchos hombres vivencian esta angustia escondida porque han asociado toda su masculinidad al falo y a su potencia; su funcionamiento sexual le permite ser reconocido como hombre y por lo tanto, le brinda la posibilidad de ser aceptado y amado. Pero tanta atención centrada en la zona fálica termina por acentuar su fragilidad. El día que no logra mantener una erección el hombre dramatiza su vergüenza y en la rumiación de lo sucedido logra crear un círculo vicioso de intentos infructuosos.


3. La dimensión del pene.

Ya sabemos que esta es una de las angustias por excelencia hasta tal punto que se ha llegado a acuñar un término para esta preocupación: el Síndrome del pene pequeño. Creo que todos los hombres en algún momento de sus vidas se han preguntado si las dimensiones de su pene son normales. El falso problema proviene de la identificación entre tamaño y satisfacción femenina. La erección media consta de 15 centímetros y estas dimensiones son más que suficientes para provocar placer, sobre todo porque la vagina es elástica y se adecua al tamaño del pene. Además de que las zonas más sensibles de la vagina se hallan en su primer tercio.

Quizás baste recordar que cuando un hombre compra un vibrador de regalo para su pareja, casi siempre escoge dimensiones mayores que las que escogería la propia mujer.


4. La masturbación.

Usualmente los hombres se masturban con el doble de frecuencia con que lo hacen las mujeres. No obstante, son muchos los adolescentes que se avergüenzan de esta actividad en solitario e incluso se preguntan si tiene efectos secundarios para su salud. Son muy pocos los hombres que una vez que pasan la etapa adolescente se liberan totalmente de sus prejuicios y consideran la masturbación como una actividad de placer totalmente normal.


5. La ausencia de deseo.

Este fenómeno ha surgido hace apenas una década, se denomina Deseo Sexual Hipoactivo, pero desde hace cinco años los casos se han multiplicado. Hay muchos hombres, sobre todo aquellos que pasan los 35 años, que se recluyen en una castidad autoimpuesta ya que no experimentan deseo sexual por su pareja. Algunos especialistas afirman que esta falta de deseo es el resultado de un estilo de vida altamente estresante y el escaso erotismo en la relación sexual. Esta falta de deseo los hace sentir como personas asexuadas que han perdido toda su masculinidad y los recluye en una actitud derrotista que termina por provocar la disfunción eréctil.

Estas angustias no solo son provocadas por las creencias machistas que se han venido arrastrando a lo largo de los años sino también por los cambios en los roles de género. Las mujeres se vuelven más desinhibidas y asumen posiciones más agresivas en la relación de pareja pero aún continúan manteniendo comportamientos prototípicos de la mujer de antaño; esta dualidad de actitudes desestabiliza al hombre. No obstante, si enfrentamos la sexualidad como una cuestión de pareja donde ambas partes tienen responsabilidades idénticas para lograr el placer, sin lugar a dudas nos liberaremos de muchas de estas angustias.

Fuente: http://sexo-eros.blogspot.com/2010/01/las-cinco-angustias-masculinas.html

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