jueves, 25 de febrero de 2010

La pesca veraniega

Nada como un poco de autoayuda para comprender las bases de las relaciones humanas, y en este mes de playas y cócteles con sombrillita nunca viene mal un poco de ayuda para (dicho sin ambigüedades) dar con la presa mayor. En su libro Los hombres son como peces, Steve Nakamoto describe un método para pescar pareja que, al menos, desde el punto de vista metafórico es irreprochable.

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Para Nakamoto, hay que salir a pescar con el kit adecuado: caña, sedal y anzuelo.

La caña. La confianza en uno mismo, y el más importante componente de la seducción.

El sedal. En el caso de un primer contacto, se trata de la charla. No sólo por su boca muere el pez: también el pescador. Una charla demasiado larga, como un sedal excesivamente laxo, nos pierde a la presa. Aunque también un hilo corto y tenso se rompe. Lo idea: una charla relajada donde ella puede moverse a su gusto, sin saber que ya hemos tendido la red a su alrededor.

El anzuelo. Es la conexión, lo que nos empata con otra persona: los puntos en común sobre los que se construye una relación. Sin ello, la seducción irá al fracaso. Sin un cebo nutritivo, la pieza nunca muerde. Puede tratarse de las aficiones personales hasta los estudios o los orígenes.

Para Sakamoto, sin embargo, no bastan las herramientas. Como todo hombre de origen oriental, cree en la búsqueda de la oportunidad: el anzuelo debe ser lanzado en el momento preciso. Un acercamiento brusco, asusta a la pieza; uno muy tímido, nunca la atrae.

Y, como garantía de su método, al autor de Los hombres son como peces, nos sugiere aprender de los peces perdidos...

Fuente | El País

Imagen | Las Sirenas

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Fuente: http://blogellos.com/la-pesca-veraniega/

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