jueves, 18 de marzo de 2010

El buen sexo. Los peligros de la práctica


¿Es el buen sexo todo instinto o cuestión de práctica? Mientras intento responder a esta pregunta vienen a mi mente los cientos de ejemplos de personas que con el cursar de los años me han contado su primera experiencia sexual. Todos coinciden en algo: ¡faltaba tanto por aprender!

Sin lugar a dudas (al menos yo no tengo ninguna), el sexo, como actividad física y de alto componente relacional; demanda cierta práctica para lograr alguna destreza, para que nuestros movimientos se hagan más coordinados y fluidos, para aprender a descifrar las señales del otro e incluso para aprender qué nos gusta y estimula a nosotros mismos. No obstante, la práctica del sexo es importante pero encierra algunos peligros.

El valor de la práctica está siempre en función de la capacidad de aprendizaje de la persona. Si el umbral de aprendizaje es bajo, probablemente la experiencia adquirida con la práctica resultará bastante innecesaria. Dícese que con la práctica el genio potencia su genialidad de la misma forma que el tonto potencia su debilidad.

Entonces recuerdo un pasaje del Antimanual del Sexo de Valerie Tasso: "Diego fue, la primera noche, un magnífico amante. Supo encadenar una coreografía que hizo que nuestro encuentro fuera plenamente satisfactorio. Se le notaba maestría y oficio en el tacto. Se veía que la mía no era su primera cama, ni la única que visitaría aquella semana.

La segunda noche, algo hizo disparar mi señal de alarma: la incómoda sensación de déjà vu. La tercera noche ya sabía qué iba a decir, cómo se iba a colocar, por qué puerta iba a entrar y por cuál iba a salir."

Una sensación odiosa la del déjà vu sexual y es que el buen sexo no es asunto de secuencias de gestos bien aprendidas sino una mezcla de técnica, arte, creatividad y sutilidad para descubrir las preferencias de la pareja.

En algunas ocasiones, de la misma forma que no nos percatamos del hábito que hemos formado al ducharnos (primero una parte del cuerpo, luego la otra y así eternamente, día tras día, ad infinitum...), también formamos algunos hábitos en nuestras relaciones sexuales. Quizás pueda tratarse de una secuencia de estimulación: primero el beso, después los muslos, los senos y por último el sexo o de una forma particular de besar o acariciar. Puedo asegurarles (y en eso imagino que todos concuerden conmigo), que la caricia más excitante deja de ser erótica cuando se repite día tras día; la técnica amatoria más eficaz no es aquella sacada de un manual generalizador sino aquella que haga disfrutar a nuestra pareja descubriendo cada día una nueva forma de amarse.

Fuente: http://sexo-eros.blogspot.com/2010/03/el-buen-sexo-los-peligros-de-la.html

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