jueves, 15 de septiembre de 2011

El sexo de los objetos y los números


Las palabras nos ayudan a comprender el mundo y desde pequeños captamos su significado. Sabemos que existen palabras de género masculino y femenino pero en ocasiones le damos un genero a aquellos conceptos que deberían ser neutros como la justicia, por ejemplo. En este caso el sustantivo en sí es femenino desde el punto de vista de la gramática pero el concepto que tenemos de justicia es femenino, tanto es así que nos lo representamos con la imagen de una mujer. Y al parecer este fenómeno de ?sexualización? de los objetos ocurre prácticamente con todo lo que nos rodea.

Webb Phillips, del Instituto Max Planck y Lera Boroditsky y Lauren Schmidt de la Universidad de Stanford han pedido a algunas personas bilingües que hablan español y alemán que definan el género de objetos diversos. Así, se pudo apreciar que los alemanes, por ejemplo, ven la Luna como un objeto masculino, ya que la palabra alemana "luna" es masculina en términos de la gramática ("der Mond"). En contraste, las personas de habla española den la Luna como una mujer, porque en español la palabra luna es del género femenino.

Aparte del idioma, los objetos pueden estar imbuidos de referencias sexuales debido a su apariencia o al uso que se les da. Por ejemplo, David Gal y James Wilkie, investigadores de la Universidad de Northwestern, han estudiado cómo algunas personas ven los objetos cotidianos (como alimentos y muebles).

Encontraron que la gente pueda ver los platos de carne como más masculinos, mientras que las ensaladas o los productos lácteos se consideran más femeninos. Las mesas y botes de basura son considerados femeninos si tienen formas redondeadas, masculinos si tienen bordes afilados o perfiles.

Sin embargo, lo más interesante aún está por venir y es que también le atribuimos un género a los números. En un experimento realizado por James Wilkie y Galen Bodenhausen se le pidió a los estadounidenses que identificaran el género de algunos nombres de personas extranjeras (por ejemplo, "Alekseev").

¿Resultado? Cuando el nombre se combinó con el número 1, tenía más probabilidades de ser percibido como masculino. Cuando el mismo nombre se acopló con el número 2, la gente se inclinaba a pensar en las mujeres. Los investigadores le pidieron a los participantes que les indicaran los criterios que utilizan para tomar sus decisiones sobre el género de los nombres extranjeros pero asombrosamente ninguno de ellos pudo explicar (y darse cuenta) que los números habían influido en sus evaluaciones de los nombres.

Para comprobar la hipótesis de los números estos investigadores idearon otro experimento en el cual las personas debían determinar el género de un niño. El truco estaba en que algunas fotos se mostraban con el número 1 y otras con el 2. Los resultados fueron idénticos: 1=varón, 2=hembra.


Fuente:
Wilkie, J.; Bodenhausen, G. (2011) Are numbers gendered? Journal of Experimental Psychology.

Fuente: http://sexo-eros.blogspot.com/2011/09/el-sexo-de-los-objetos-y-los-numeros.html

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