jueves, 17 de febrero de 2011

La falta de deseo sexual: Un mal moderno


La ausencia de deseo sexual es uno de los problemas más frecuentes en las consultas de sexualidad. El ritmo con el cual llevamos nuestra vida aumenta el estrés, la ansiedad e incluso nos lleva a periodos de depresión. Si a esto le sumamos que el tiempo de intimidad con la pareja realmente es muy poco, entonces es posible comprender las causas de la falta de deseo sexual. Muchas personas no toman demasiado en serio esta inapetencia sexual; sin embargo, la misma puede hacerse perenne y terminar minando la relación de pareja.

El deseo sexual es una emoción que nos prepara para vivenciar la relación sexual de manera placentera. En algunas ocasiones, por más que se busque, el mismo no aparece ya que existen ciertos factores que lo inhiben. No obstante, antes de hacer referencia a los factores que pueden actuar como inhibidores del deseo sexual, debe puntualizarse la diferencia entre la excitación y el deseo sexual. La excitación sexual es una respuesta fisiológica que implica manifestaciones físicas como la lubricación en la mujer o la erección en el hombre. El deseo sexual es el impulso que nos conduce a la búsqueda del placer. Generalmente el deseo y la excitación sexual van de la mano pero no siempre sucede así: podemos experimentar el deseo y no la excitación o sentir la excitación sin vivenciar un deseo muy fuerte.

Dentro de los factores que propician la disminución del deseo sexual los más usuales son la baja autoestima y los sentimientos de culpa. Pero dentro de estas dos grandes macrocategorías podemos hallar además:

- Los miedos. Los más usuales son el miedo a fallar, al ridículo, a un embarazo y a las enfermedades de transmisión sexual.

- El estrés y la ansiedad. Las problemáticas cotidianas conducen a la aparición de tensiones que minimizan el deseo sexual ya que la persona comienza a presentar pensamientos recurrentes sobre la problemática fuente de tensión que le impide relajarse y experimentar el deseo sexual.

- Los prejuicios y los tabúes. Las creencias sobre la suciedad del sexo y las prohibiciones relacionadas con los órganos sexuales, así como los prejuicios desarrollados culturalmente son una de las causas principales que inhiben el juego erótico y el deseo sexual.

- Los problemas de comunicación. Cuando no tenemos una relación abierta donde podamos hablar sobre nuestros deseos y preferencias sexuales; esto termina por minar nuestro deseo de iniciar la relación sexual.

Independientemente de estos factores eminentemente psicológicos, también existen algunos medicamentos que inhiben el deseo sexual; entre ellos pueden mencionarse los ansiolíticos, los antidepresivos y la farmacología para la hipertensión arterial. En algunas personas los cambios hormonales que ocurren durante la menopausia o la andropausia también actúan como inhibidores del deseo sexual.

Si nos referimos al género, puede afirmarse que la falta de deseo sexual es más habitual en la mujer. Los factores que inciden para elevar esta prevalencia en la población femenina son muy diversos pero entre ellos sobresale la educación tradicionalista y la sobrecarga de roles. En la mujer esta falta de deseo sexual tiende a hacerse crónica si no se atiende a tiempo mientras que en los hombres generalmente este estado es transitorio, causado por algunas situaciones muy puntuales.

La buena noticia es que la falta de deseo sexual es un problema solucionable ya que el deseo puede ser educado y potenciado siempre que la persona cambie su actitud ante la sexualidad, asuma la misma con erotismo y que aprenda a conocer su cuerpo.

Fuente: http://sexo-eros.blogspot.com/2011/02/la-falta-de-deseo-sexual-un-mal-moderno.html

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